AGRADECIMIENTOS

Aparentemente, me precede cierta fama de persona laboriosa. Un disparate, debo confesar: en circunstancias normales, se me ocurren muchas otras maneras de llenar las horas más divertidas y estimulantes que redactando escritos periodísticos mientras miro al reloj.

Casi en su totalidad, los textos incluidos en la presente recopilación nacieron de encargos hechos desde El País o propuestas lanzadas por mí al diario. Mi mayor agradecimiento va para los diferentes responsables de Cultura, Mesa de Redacción, Madrid, Babelia o El País Semanal, que se acordaron de mi o aceptaron mis excitadas sugerencias.

En los casos de Cultura o Mesa, generalmente había que atender la petición en el mismo día, en cuestión de horas. Se trata de un condicionante imperioso, que literalmente te aísla del mundo. Te saltas la comida y no atiendes las llamadas; solo tienes ojos para la pantalla y —un truco personal— oídos para escuchar la música del artista en cuestión.

Todo lo das por bueno si te quedas medianamente satisfecho con el artículo resultante. Aparte, pocas experiencias tan mágicas como ver, al día siguiente, tus ocurrencias impresas. Hablo del papel, claro. Si el texto ha sido tratado correctamente —poca tijera, un titular acertado, una foto potente— te relames mientras lo lees… y lo vuelves a leer. Imaginas que centenares de personas están leyendo lo mismo en ese momento y te hinchas. No obstante, sabes que tanto esfuerzo terminará en el cubo de la basura.

Para alguien habituado a los ritmos del periodismo, con sus rápidas satisfacciones y su inevitable destino final, la idea del libro resulta tan intimidante como aberrante. La gratificación personal está muy alejada en el tiempo, el posible impacto no es inmediato y ¿no dicen que en España no se leen libros?

Así que Santos López, de Espasa, ha ejercido de comadrona para Jinetes en la tormenta. Aun sabiendo que llevaba años esquivando las propuestas de su jefa, Ana Rosa Semprún (que también fue jefa mía en los ochenta), Santos insistió hasta convencerme. Él conceptualizó el libro, realizó la selección inicial y soportó mi elástica concepción de las fechas de entrega.

Los artículos aquí recuperados no han sufrido serias alteraciones, excepto en las referencias temporales. Se evitaron reiteraciones y se hicieron las mínimas adaptaciones para facilitar una lectura pausada. Aunque también se puede leer a saltos, picoteando aquí y allá. Mejor con música de fondo, igual que fueron concebidos los textos originales.